domingo, 28 de octubre de 2012

Amonestaciones al alumnado.

Cierto día en clase estuvimos haciendo una actividad acerca de las sanciones impuestas en clase por parte del personal docente al alumnado ante un comportamiento disruptivo de éste último. Dichas sanciones se basan en llamadas de atención, amonestaciones, mandar al alumno al aula de disruptivos o incluso expulsarlo del centro ante una conducta grave. Todo ello se define en la normativa vigente del reglamento interno del centro. No obstante, la decisión de amonestar al alumno es del propio profesor que está con él en ese momento. Con esto quiero hacer referencia a que es algo subjetivo si tal comportamiento merece poner un parte de incidencia al alumno y comunicarlo al jefe de estudio, o quizás no sea para tanto y es más enriquecedor para el chico o chica solucionarlo con el docente.  Al menos esto fue una de las cosas que saqué en claro en la actividad mencionada anteriormente. En mi parecer, algunas amonestaciones eran un tanto exageradas según lo que alegaba el profesor pertinente. Quizás es un poco osado ponerme en el lugar del profesor dada mi nula experiencia como docente (salvando las clases particulares que imparto que no son comparables a un aula de 31 alumnos en un centro de secundaria), pero creo que quizás sería más útil, siempre y cuando sea posible, otro tipo de estrategias, antes que recurrir al típico y continuo, sobre todo para algunos alumnos, fluir de amonestaciones, incidencias, expulsiones, etc. Cierto es que algunos alumnos no paran de interrumpir la clase, de molestar, tanto a sus compañeros, como al profesor y de faltar al respeto a los mismos, todo ello de forma reiterada. Pero igual de cierto es que, expulsándolos del centro una y otra vez, tampoco se logra nada.
Me parece un buen recurso la presencia de un aula de disruptivos, ya permite que el alumno salga de la clase tras un comportamiento disruptivo y el profesor pueda seguir impartiendo la misma y que el amonestado tenga un sitio al que acudir, ya que no se puede quedar fuera del aula sin tutela alguna (recordemos que durante las horas de clase, el centro es responsable del adolescente). Así pues, se le manda al aula de disruptivos, donde un profesor se encargará de él. En dicho aula, el número de alumnos se supone es menor, de modo que el profesor encargado se podrá ocupar de él con más facilidad y no impedirá al profesor dar la clase.
Como conclusión de esta pequeña reflexión apunto que las sanciones a comportamiento disruptivos no deben ponerse a la ligera, pensando siempre en qué será mejor para el alumno y para sus compañeros, es decir, en qué será lo que mejor le haga recapacitar ante su inadecuado comportamiento en la medida de lo posible.













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